Corazón
EPA y DHA contribuyen al funcionamiento normal del corazón. Este efecto se obtiene con una ingesta diaria de 250 mg de EPA y DHA.

Guía básica
En un omega-3 no basta con mirar los miligramos de aceite de pescado. Lo realmente importante es cuánto EPA y DHA aporta, su concentración, la dosis necesaria y el control de calidad del producto.
Los omega-3 son una familia de ácidos grasos poliinsaturados. Entre los más conocidos se encuentran el ALA, el EPA y el DHA, aunque no todos tienen el mismo origen ni desempeñan exactamente las mismas funciones.
El ALA se encuentra principalmente en alimentos vegetales como semillas de lino y chía, nueces y algunos aceites. El EPA y el DHA están presentes sobre todo en pescados grasos, mariscos y determinados productos de origen marino.
El organismo puede transformar una parte del ALA en EPA y posteriormente en DHA, pero esta conversión es limitada. Por ello, cuando se habla de suplementos de omega-3 marino, el interés se centra en las cantidades de EPA y DHA que aportan.
EPA y DHA forman parte de estructuras celulares y participan en distintos procesos fisiológicos. El DHA es un componente importante de las membranas del cerebro y la retina, y EPA y DHA contribuyen al funcionamiento normal del corazón.
Dos cápsulas que contienen la misma cantidad de aceite de pescado pueden aportar cantidades muy diferentes de EPA y DHA. Por eso, para comparar productos, el dato útil es la suma de EPA y DHA por dosis y, a partir de ahí, la concentración, el número de cápsulas y la calidad de la materia prima.
Lo esencial
EPA y DHA contribuyen al funcionamiento normal del corazón. Este efecto se obtiene con una ingesta diaria de 250 mg de EPA y DHA.
El DHA contribuye a mantener el funcionamiento normal del cerebro, con una ingesta diaria de 250 mg de DHA. Además, es un componente importante de las membranas neuronales.
El DHA contribuye al mantenimiento de la visión en condiciones normales, con una ingesta diaria de 250 mg de DHA.
Los ácidos grasos omega-3 forman parte de las membranas celulares y participan en múltiples procesos fisiológicos.
Tipos y formas
El ácido eicosapentaenoico es uno de los principales omega-3 de origen marino. Suele aparecer junto al DHA en aceites de pescado y otros suplementos marinos.
El ácido docosahexaenoico es un omega-3 especialmente presente en tejidos como el cerebro y la retina. Algunos suplementos contienen proporciones más elevadas de DHA que de EPA.
En estas presentaciones, los ácidos grasos se encuentran unidos a una estructura de triglicérido, la forma en que aparecen de manera natural en el pescado. Los reesterificados se obtienen tras concentrar el aceite y volver a formar triglicéridos.
Forma utilizada habitualmente para concentrar EPA y DHA. Permite obtener aceites con cantidades elevadas de omega-3 en un volumen reducido. Su absorción mejora cuando se toman junto a una comida que contenga grasa.
Alternativa de origen no animal que suele utilizarse especialmente como fuente de DHA, aunque existen productos que también aportan EPA. De hecho, las microalgas son el origen del EPA y el DHA que acumulan los peces.
Fuente marina de EPA y DHA en la que parte de los ácidos grasos se encuentra asociada a fosfolípidos. Suele aportar menos EPA y DHA por cápsula que muchos aceites de pescado concentrados.

Aceite de pescado Omega-3 con 660 mg de EPA y 440 mg de DHA por dosis de 2 perlas.

Aceite de pescado Omega-3 con 660 mg de EPA y 440 mg de DHA por dosis diaria de 2 perlas.

Aceite de pescado Omega-3 en perlas, con una dosis diaria declarada de 3.000 mg de aceite de pescado.

Omega-3 de aceite de pescado GoldenOmega® en forma de triglicéridos, con 400 mg de EPA y 300 mg de DHA por cápsula.

Omega-3 de aceite de pescado en triglicéridos con 350 mg de EPA y 250 mg de DHA por perla y certificación IFOS.

EPA y DHA son dos de los principales omega-3. Descubre qué son, qué funciones comparten, en qué se diferencian y cómo interpretar sus cantidades en alimentos y suplementos.
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Aprende a comparar suplementos de omega-3 fijándote en EPA, DHA, concentración, pureza, oxidación y dosis real por cápsula, más allá de los miligramos de aceite de pescado.
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Leer guía →Preguntas frecuentes
Depende del objetivo y del contexto. Son omega-3 diferentes y ambos tienen funciones fisiológicas relevantes. Para valorar un suplemento conviene saber cuánto aporta de cada uno en lugar de fijarse únicamente en la cantidad total de omega-3.
Las declaraciones autorizadas en la UE toman como referencia 250 mg diarios de EPA y DHA para el funcionamiento normal del corazón. Las necesidades concretas dependen de la alimentación y de cada persona, y las cantidades elevadas deberían valorarse con un profesional sanitario.
No. El aceite de pescado contiene diferentes grasas. Una cápsula de 1.000 mg de aceite sin concentrar puede aportar alrededor de 300 mg de EPA y DHA. Por eso es necesario revisar la información nutricional.
Divide la suma de EPA y DHA entre el peso total del aceite. Un aceite estándar ronda el 30 %; por encima del 50-60 % se considera concentrado.
La forma de triglicérido es una de las utilizadas en suplementos, pero no determina por sí sola la calidad. También deben valorarse concentración, pureza, frescura, cantidad por dosis y controles de calidad.
Sí. Los aceites de algas pueden aportar DHA y, dependiendo del producto, también EPA. Son una alternativa especialmente interesante para quienes evitan ingredientes de origen animal.
No puede afirmarse de forma general. Tienen composiciones diferentes y muchos suplementos de krill aportan menos EPA y DHA por dosis. La comparación debe hacerse sobre cantidades reales, formato y composición.
Es un efecto relativamente frecuente con los aceites de pescado. Tomarlo junto a una comida, repartir la dosis o elegir cápsulas con recubrimiento entérico puede reducirlo. Un regusto intensamente rancio, en cambio, puede indicar oxidación.
Debe seguirse la indicación del fabricante y proteger el producto del calor y la luz, que favorecen la oxidación. Algunos formatos, especialmente los líquidos, recomiendan refrigeración una vez abiertos.
Los aceites marinos pueden presentar cierto olor característico, pero un olor o sabor intensamente rancio puede indicar oxidación. Ante dudas sobre el estado del producto, es preferible no consumirlo.